12. La personalidad. Teoría de rasgos.

1. Qué es la personalidad. Temperamento, carácter y personalidad [1]

a) ¿Qué es la personalidad?

La personalidad es una de las categorías más polémicas y complejas de la psicología. Ahora examinaremos cómo nos distinguimos de los demás y cómo cada cual tiene una personalidad propia y peculiar. Empezaremos analizando la etimología del término personalidad, para diferenciarlo del temperamento y del carácter, puesto que a menudo se ha pensado que son sinónimos. Después explicaremos varias teorías sobre la personalidad.  De entre las teorías más relevantes hay algunas clásicas, como el psicoanálisis de Freud, en la que lo más importante es el inconsciente del individuo; las tipologías de Cattell y Eysenck, que subrayan la importancia de los rasgos de personalidad y crearon los test para medirlos; y la teoría humanística de Rogers, que destaca el potencial de crecimiento humano. También veremos otro modelo teórico con una influencia notable hoy en día: la perspectiva cognitiva o del aprendizaje social de Rotter y Bandura.

b) Etimología de la palabra persona

La palabra persona deriva del griego prosopon, que era la máscara que utilizaban los actores en las representaciones teatrales. En Roma, Cicerón (siglo I) usó el término persona con cuatro sentidos diferentes que son subyacentes a los diversos significados que tiene actualmente: 1) la imagen que mostramos ante los otros (no como uno es en realidad); 2) el papel que tiene el comediante en la obra y que cada uno representa en la vida; 3) la interacción de las calidades del individuo orientadas a la acción (en este sentido se basan algunas definiciones psicológicas); 4) como sinónimo de prestigio y dignidad. En esta última acepción se basa la consideración común de este término.

En la actualidad predomina el cuarto significado. El término personalidad se suele entender como un criterio de atractivo social. Se cree que un individuo tiene personalidad si posee algunas cualidades que los otros admiran o elogien. El hecho de ser educado, de tener atractivo físico, simpatía o talento pueden ser los factores determinantes de este criterio. En cambio, los investigadores de la personalidad no comparten este último significado, y en sus estudios  tratan de explicar por qué las personas se comportan como lo hacen, y se formulan una serie de interrogantes tales como: ¿qué constituye la personalidad de un individuo?, ¿qué variables internas (rasgos, cogniciones, expectativas) o situacionales son importantes en su constitución?, ¿cómo se desarrolla a lo largo del ciclo vital de cada individuo?, ¿qué se considera normal y anormal en la personalidad?

Sabemos que cada ser humano es único y singular, y también parecido a los otros. Si la psicología de las diferencias individuales enfatiza el estudio del individuo concreto, la psicología de la personalidad,  si quiere acontecer una ciencia, tiene que definir unas leyes que expliquen la conducta de las diferentes personalidades existentes para poder predecir sus conductas. Todavía no hay un modelo global que explique todo aquello que sabemos del comportamiento humano.

c) Características de la personalidad

Para comprender mejor el concepto de personalidad, hace falta distinguirlo de otros que están relacionados, como por ejemplo el temperamento y el carácter.

El temperamento consiste en la herencia biológica recibida y, por lo tanto, es difícil de cambiar o de modificar. Millon (1993) lo describe como «el material biológico desde el cual la personalidad finalmente emerge. Se puede decir que incluye el substrato neurológico, endocrinológico y bioquímico desde el cual la personalidad empieza a formarse.»

El carácter (término derivado de una palabra griega que significa grabado) se forma por los hábitos de comportamiento adquiridos durante la vida. Millon piensa que el carácter «puede ser considerado como la adherencia de la persona a los valores y a las costumbres de la sociedad en que vive.

La personalidad es la conjunción del temperamento y el carácter en una única estructura. La personalidad representa un patrón profundamente incorporado de rasgos cognitivos, afectivos y conductuales manifiestos, que persisten durante largos periodos de tiempos y son relativamente resistentes a la extinción.

De entre las características más relevantes de la personalidad podemos mencionar las siguientes:

  • No tiene una existencia real, se infiere a partir de la conducta de los individuos. Es una abstracción que nos permite ordenar la experiencia y predecir el comportamiento en situaciones específicas.
  • Es la forma habitual de comportamiento de cada individuo. Comprende tanto su conducta manifiesta como también su experiencia privada. No consiste en una suma conductas aisladas, sino que incluye la globalidad del comportamiento.
  • Se produce por la interacción de la herencia genética y el ambiente del individuo, por el aprendizaje social y las experiencias personales. Se desarrolla y cambia a lo largo de la vida.
  • Es individual y social. Somos diferentes pero también iguales a todas las personas que nos rodean. Cada individuo es un ser único e irrepetible, pero al mismo tiempo somos capaces de comprender a los demás y reconocernos en una comunidad de semejantes.

2. Teoría de rasgos y tipos [2]

Un rasgo es una forma específica de comportamiento; así, podemos describir una persona como mentirosa, deshonesta o valiente. Un rasgo implica una disposición estable a comportarse de manera parecida en varias circunstancias. Para los teóricos de los rasgos de personalidad, estos nos permiten hacer predicciones sobre nuestra conducta y la de los otros.

Un conjunto de rasgos estables da lugar a un tipo. Pero tipo no significa individuo, como cuando decimos «este tipo es tonto», sino que hace referencia a un conjunto de individuos con rasgos comunes. Con todo, los tipos no existen en realidad, sólo son modelos de comportamiento. A pesar de que cada persona se puede incluir dentro de un tipo, nunca coincide plenamente.

La primera tipología conocida fue elaborada por Hipócrates (460-357 a.C.) en la Antigüedad. Considerado el padre de la Medicina, defendió que las enfermedades no eran causadas por maldición divina, sino por un defecto cerebral. Estableció que un desequilibrio de los humores (fluidos corporales) era la causa del estado del cerebro. Los humores eran la sangre, la bilis amarilla, la flema y la bilis negra. Un predominio de la sangre producía un temperamento sanguíneo (alegre y esperanzado); el exceso de bilis amarilla llevaba a un comportamiento irascible y colérico; el aumento de las flemas causaba la apatía y la pereza del flemático, y un exceso de bilis negra era el origen del comportamiento melancólico.

Durante el siglo pasado se realizaron varios intentos de reducir los rasgos individuales de la personalidad a un número limitado de categorías o tipos, utilizando metodologías experimentales y estadísticas como, por ejemplo, el análisis factorial [3] . A pesar de esta multiplicidad de tipologías hay cinco rasgos principales que posiblemente abarquen la mayoría de los rasgos generales atribuibles a los diferentes tipos de personalidad. Por esta razón cada vez son más los investigadores que coinciden en lo que se dio en llamar “los cinco grandes”.

Cada rasgo estaría presente en cada persona en una medida continua que va desde su afirmación plena en un extremo hasta su término opuesto en el otro. Estos cinco factores son los siguientes, con sus respectivas gradaciones:


[1] AAVV: Psicología, libro de texto de Bachillerato, Mc Graw Hill, Madrid (2000)

[2] Apartado basado principalmente en: AAVV. Atkinson & Hilgard’s, Introducción a la Psicología, 14ª edición, Madrid, Ed. Thomson, 2003, Cap. 13, p.417.

[3] Análisis factorial: procedimiento estadístico que toma un gran número de respuestas a cuestionarios y busca correlaciones entre ellas para agruparlas en unidades básicas e independientes. Sirve para clasificar las respuestas y encontrar agrupaciones.

Versión para imprimir

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.